Recién nacido y primera infancia. Prioridades y necesidades de desarrollo.

Primera infancia, un tiempo luminoso. Cuerpo, exploración y sensibilidades múltiples.

Las prioridades del recién nacido

Muy a pesar del inmenso mercado de productos montado en torno al recién nacido, lo que los bebés necesitan en los primeros meses de vida (y durante un buen tiempo) son cuatro cosas que no tienen precio: vínculo, cuidado, seguridad y respeto.

El vínculo respetuoso con su mamá y su familia a través de la palabra, el tacto y un ambiente armonioso en el hogar es el primer nutriente que los bebés necesitan recibir de su familia. El bebé recién nacido no solo necesita que se le alimente y se lo mantenga limpio. Necesita sentirse cobijado por los brazos y la palabra de su madre y de sus familiares cercanos para crecer y desarrollarse sano. Hace prácticamente un siglo se descubrió en Inglaterra y en otros países que el índice de mortandad de los bebés internados disminuía notablemente en aquellos hospitales y casas cuna en los que los bebés internados eran alzados y acariciados y a quienes las enfermeras les cantaban canciones y les hablaban a menudo, llamándolos por su nombre y estableciendo a través de la palabra un contacto a distancia incluso cuando estaban atendiendo a otro niño de la sala. Cuando brindamos al bebé momentos de decicación total y atención exclusiva la relación afectiva se convierte en una corriente subterránea que se mantiene nutriendo al bebé durante todo el día incluso cuando no estamos a su lado. Es decir, podemos estar realizando otras tareas como hacer la comida, cuidar a los hijos mayores y trabajar mientras el bebé permanece complacido, atento a sí mismo. No necesita de nuestra atención directa y esto no significa que el vínculo con él desaparezca, sino que está implícito y no está manifestado de manera directa. Sin embargo, el vínculo es el sostén que permite que el bebé se mueva y juegue en libertad.

Pero en múltiples momentos del día el bebé necesita que este vínculo sea concreto, claro y directo. Precisa un vínculo explícito, físico y amoroso, que le hará sentirse seguro y amado.

Es bien sabido que los bebés recién nacidos sin intención de ser altamente demandantes, requieren de cuidados tan frecuentes que no dejan tiempo para dormir una cantidad mínima de horas seguidas que garanticen el buen descanso del adulto. Esta privación de sueño y esta demanda intensa puede hacernos sentir que estamos dando todo lo que podemos dar. Nos parece que si además debemos estar pendientes del vínculo con el bebé, la exigencia sería extrema. La buena noticia es que no hace falta estar alertas ni atentos para que el vínculo amoroso esté presente, ya que es un mecanismo que se da de manera natural dentro de la familia. Pero además, si conocemos la necesidad del bebé de mantener una relación afectiva, constante y segura con nosotros, podemos convertir los momentos obligatorios de cuidado en la mejor oportunidad para nutrir este vínculo directo con él.

Estrictamente hablando, el cuidado del bebé puede sintetizarse en el cambiado del pañal, el baño, la vestimenta, el cortado de uñas y el amamantamiento. Estas son instancias en las que toda la corporalidad y emoción del bebé están involucradas y se convierten así en ocasiones preciosas en las que podemos establecer con él una relación profunda, de gran intercambio y aprecio mutuos.

Pongamos un ejemplo.

El bebé se despierta y llora haciéndonos saber que tiene hambre. Le avisamos con la palabra que lo hemos escuchado y que en breve estaremos con él, de modo que se establece entre nuestra voz y su llanto un pequeño diálogo. El bebé llorará más intensamente, como diciéndonos “quiero que sea rápido” y podremos contestarle una vez más que lo hemos escuchado y que estamos yendo a atenderlo, mientras dejamos la tarea que estábamos realizando. Cuando llegamos a su lado le avisamos que vamos a tomarlo en brazos y podemos esperar unos segundos para darle tiempo a que se prepare para ser alzado.